El verso, como látigo perdido



Como desbrozo del sendero en el que avanzo,
he despegado con los dedos nebulosas
que desprendieron calor en el frontis de mi cuello
cuando tu boca anheló ser de mi carne el cuchillo
y tus dientes silenciaron la fiereza con caricias.

Ahora, la serpiente envuelve el tallo
que sostiene la fronda genital que nos domina
y tu voz se perpetúa, anida en verso,
contorsiona la piel con aspereza de canela
y sobrevuela, como ventisca,
hacia tu cuerpo expuesta mi llanura,
de eritema enferma bajo tu incandescencia;

pues en la grieta que abastece el rompeolas
se agolpan los pulsos de mi sangre
cuando tus ojos se desperdigan en mi pecho
y siento el verso como látigo perdido
en golpe de irritante adversidad.

Entre las ramas de tus brazos
se desvanece todo viento,
bajo tu peso me percibo hembra,
solitaria en la tierra que prometes,
única mujer, alimentando tu boca
desde el púlpito adherido a mi nave,
de carnal vigor desbaratada
por el roce viril de tu embestida.

Herida en el tránsito a la crujía
que mis manos adoran de ti,
me estrecho sin definir distancias,
inerte bajo tu beso.
Salvaje, tu dogma sostiene la mirada
y me esclaviza
con nudos en agua encadenados
sobre el alimento que me soy...
y que devoras.


Laura Gómez Recas
Imagen: "Desnudo", Clara Tengonoff¨
(Óleo sobre lienzo)

Crónica de un encuentro

Fue el día más largo del año, el día que abrió el marcador del verano que ya nos suma.

Sentada frente a un auditorio que exhalaba cariño, como un rompecabezas, mis fuerzas se recomponían.

Hablar con los versos, escritos en la soledad del campo de entrenamiento de la vida, es una semifinal para el corazón.

En el piso de arriba, los televisores retransmitían el partido de fútbol entre España y Honduras. En el piso de abajo, mis palabras rodaban sobre el césped de la poesía.

Desde el córner de la mesa, centraba los versos para probar el remate de oídos expertos y atentos.
Por las bandas, subían los alientos, en el centro del campo, triangulaban las sonrisas y la defensa protegía los tres palos de la puerta para que no se escapara ni uno sólo de mis sonidos.

Se puede jugar con el esférico don de la palabra a taladrar las redes más hermosas, las que escuchan y se involucran en el pequeño mundo que expongo sobre un campo minado de sinceridades.

Mis verdades, como requisito, pitaron el final del encuentro.

Creo que he ganado el partido a la hondura de esta primavera, enraizada en el invierno.

Gracias a todos los que jugasteis conmigo, a todos los que no pudisteis alinearos, a Teodoro Rubio, al Hogar de Ávila, a Covadonga Morales, a mi hija, a mi madre y a ti, que siempre estás a mi lado.

No hubiera podido marcar sin un equipo.

Laura Gómez Recas
Fotografía, de Santiago Tena
(ver enlace)

Orillas de Ávila. Recital.



"ORILLAS DE ÁVILA"
Ciclo 2010

Coordina Teodoro Rubio
Introducción de Agapito Rodríguez Añel
(Presidente del Hogar de Ávila)


LUNES 21 DE JUNIO A LAS 20.00 HRS.
Calle Caballero de Gracia, 18
Madrid

Presentada por TEODORO RUBIO,
RECITA

LAURA GÓMEZ RECAS


"A la orilla del verano, en el límite de mis fuerzas."

Todo mi agradecimiento a Brandan,
autor del cartel del recital

Este líquido que me es



Amo tus manos en el zaguán de mi cuerpo,
dotadas del ánimo de quilla del arado
capaz de perforar el horizonte
sin hastío,
de voltear la piel
en el absorto ras de la caricia,
artesano del surco
sediento de humedades.

Para beberme en un cáliz de silencios rotos,
me hiciste agua entre tus labios.
¿Dónde contener ahora
la marea que desplaza la luna
de este líquido que me es,
que me limita en la ola,
que me estrella en arrecifes de tu ausencia?

Me disperso agua, me derramo mar,
me vierto lago en la pulida superficie
de esta muerte en la que vivo

tu infinitud.


Laura Gómez Recas
Fotografía: "Flor", de Brandan

No hay voz


Del mar, toda la voz.
Del cielo, la palabra.
Sólo el corazón, del sentimiento.



Quisiera escribir esta noche
sobre el cieno y la vigilia,
sobre la rótula de Dios aplastando mis costillas,
todo el peso del abismo, abandonado sobre mí.

Eres tú, fuente de palabra,
La sangre,
El costado donde se abre mi herida,
La fractura en el cráneo de mi historia.
Es el sabor de tu boca, la saliva constante sobre el sexo,
la purga que traiciona el día séptimo
con un vómito imprevisto derramado.

La sinceridad me abrió la puerta hacia lo oscuro
y él, allí, en su trono de nube y de relámpago,
contempla cómo penetro en el templo, invidente,
abriendo brechas en la yema de mis dedos
con el monstruo acechante en la cuneta
y un tropel de pléyades frisando la locura.

Quisiera escribir esta noche
Sobre el camino enfangado.

A la siniestra, la impunidad
fornica con el alma que la enciende
y sella los resquicios de la luz,
A la diestra, el desdén con sorna instigadora
transcribe mi sonrisa hacia otras bocas,
lupanares que cuecen el dolor a brasa lenta
y licuan la densidad de nuestro sueño.

Mi muerte acecha este trayecto sin avance
y me apago velando tu horizonte sin la luna.
El grito es la única salida de la asfixia,
pero no hay voz que me sostenga la palabra.



Laura Gómez Recas
Fotografía: "Mazal 1", de Brandan
htpp://pintadoporelagua.blogspot.com 


La sal del agua







Desde que una curva lunar
se adueñó de las ingles del deseo,
no puedo separar la sal del agua
para beber, poco a poco,
el sobrante de tus besos.









Laura G. Recas
Fotografía: elen-priestess

La gota



Como llama sobre la sal del mar,
se origina la gota entre mis pechos.

Resbala sobre el poro,
arrastra, se hace néctar,
jugo en densidad...
Instala la humedad
como un verso cuesta abajo

y gira sobre el cráter del ombligo
bajo el naufragio hambriento de tu sed.


Laura Gómez Recas
Fotografía: "Flor", de Brandan