En Éfeso


En Éfeso,
llevóse el agua las espigas,
las olas de azahar de los naranjos,
el amarillo glauco del limón.

La ciénaga ocultó el seno del muelle
y para siempre acalló el ruido del mar.

Se han quedado las calles caminando,
con amante dolor, a la bahía.

Quedó el río quieto entre los mármoles
porque no tiene a dónde ni por qué.

Porque no tiene a quién ni para qué.
Laura Gómez Recas
Imagen: Éfeso, Laura G. Recas

3 comentarios:

  1. El río se quedó dormido
    cuando desapareció la vida...

    Saludos,

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  2. El río se abrirá camino hacia un mar luminoso y renovado, porque sus aguas tienen fuerza, quieren vencer y saltarán los muros que puso la maldad de los hombres.
    Un beso.
    M.

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