Sin una lágrima



Ni siquiera dibujan las estrellas
un mapa con que poder navegar
entre esta selva que cruje a mis pies
y me destierra.

Asumidas las horas intachables
en un papel secante de memoria,
sólo queda esperar una respuesta
y el mordisco audaz de tu palabra.

Se encendieron las luces de la calle
sin una lágrima,
mas sé de la tristeza haciendo nido
porque la senda azul regresa cárdena
bajo algún aleteo de abandono
en vuelo del utópico avance.

Es mío este dolor. Tardo en girarme
porque sé que la promesa es la fiera
que devora cualquier soplo de duda.
Me duele. De ahí, tiemblo, callo y caigo
sin hallar más futuro entre las manos
que el arrayán de flores disipadas,
débiles y pequeñas,
pálidas centinelas de los ojos
que ya no saben hacia dónde han de mirar.

Laura Gómez Recas
Imagen:  Montmartre (París)
Jaime G. Recas

3 comentarios:

  1. Cada verso es una verdad intachable de ésas que se clavan en el alma en el vuelo utópico del avance. Siempre digo que el dolor es propio e intransferible, pero tú consigue con tu poema hacerlo universal.
    Me encantó de principio a fin Laura.
    Un beso.

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  2. Hay algo en ese verso reposadamente largo, quebrado esporádicamente, que remite de forma tangencial a un sentimiento doliente, algo que invade al lector. O eso intuyo.
    Un abrazo

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