Memento vivere








Imagino las manos que arañaron
cada terrón de tierra con sus dedos,
la cierta desazón de la nevada,
la laxitud amarga en los zapatos.

Imagino el arroyo encenagado,
la corriente vital apostatada,
el alejado canto de la alondra
o el mutismo que hiela la ternura.

Imagino dos, tres o más estrellas
alentando a lo negro de la noche,
la oscura suavidad de los desvanes
que aseguran la puerta a la memoria.

Me imagino pequeña y algo grande
para estar a la vera del rocío,
pero firme, severa, adolescente
con la frente brillante de emociones.

Imagino la luz, el sol inmenso,
la longitud pequeña de los dedos,
el mar antagonista de la orilla
y el sendero entre el pasto combustible.

Imagino la ilícita sentencia,
la honesta cala,
el mínimo sintagma ante la muerte,
la secreta hermandad que se reúne
sobre la esfera blanca del reloj,

Imagino otros tiempos que vendrán
cuando sea un suspiro del pasado
la verbal tentación de cada llanto,
la súplica, prisión de la demanda.

Con ello, entiendo al cielo cuando llueve
y se derrama entero sobre el agua,
puedo entender al labio que se inmola
en el mordisco blando de los besos
y a un pueblo que vive argumentando
una red de mentiras e injusticias.

Puedo entenderme yo sin más palabras
que las que urdí en el túnel del ombligo,
sin otro territorio que mis manos,
puedo verme sumida bajo el fango,
vejada la excelencia en las cloacas
y luciendo feliz una sonrisa

con la excusa perfecta: respirar.











Laura Gómez Recas
Imagen: Kathy Morton Stanion