La niebla se hunde.
Se oculta el bosque manso
y habla el silencio.
Olvida el mundo que estremece el alma y la aclimata a la soberbia y en el que la vanidad unge lo que somos piel adentro. Ven y desnúdate, relaja el músculo de la pose y mira hacia dentro, hacia el derroche de luz que alumbra la única verdad que te sostiene.
Circunstancias. Tesitura del cielo
Tesitura del Cielo
La niebla se hunde.
Se oculta el bosque manso
y habla el silencio.
Tesitura del Cielo
(De "Circunstancias", Los Libros del Mississipi, 2023)
Zahoríes. Poema
Lanzo un grito hacia el campo de amapolas
Me dejo acariciar y me pronuncio.
Laura Gómez Recas
Zahoríes (Huerga y Fierro, 2020)
Soneto del beso
Parecido a la mar, agua blandida,
es el beso que sale de tu boca,
se implica en el silencio que te invoca
y muere sobre el labio y se suicida.
Parecido a la luz anochecida,
que es vislumbre tardío que equivoca,
cuando yace en la noche y la sofoca
y muere entre las sombras confundida.
Y es sonata que aturde y casi mancha,
albricias, el idioma del verano,
silbo, abono, tifón, furia y ternura.
Y es orvallo, diluvio y avalancha,
tintura con pericia de escribano
que rubrica en mi amor su dictadura.
Laura Gómez Recas
Fotografía: Ferdinando Scianna
Venecia, 1959

Epílogo
De esta tierra me llevo el color amarillo de los tilos,
la sinceridad clavada en el suelo del minúsculo jazmín
y un polvo seco y taheño entre los muslos,
adquirido con lentitud y decepciones.
Quizás la lluvia llegue algún día
y riegue las trincheras
abonadas por sangre asesinada,
puede que aún se vierta al mar
la tragedia de los ríos
cuando deje la sequía de azotarnos.
Puede que después de tanta sed intempestiva,
las piedras de la historia nos alumbren
y escribamos un poema a la muerte de Caín.
de Zahoríes
Fotografía: "Sweetpeapath", de Tim Lee
Zahoríes. Un poema de La ruta del agua
elevar la piel sobre las dunas
que añoran el llanto de los ríos
y volver a ser, entre la sombra,
esa parte de luz que da la vida.
Un poema de Zahoríes

Zahoríes, Huerga y Fierro, 2020
Esta es mi respuesta
Esta es mi respuesta, réplica a tu beso.
Sabemos del cartógrafo del tiempo,
sabemos de los grises,
de lo oscuro que augura
y elogia del intruso las pisadas.
El mismo mar me prevalece,
la última curvatura de horizonte.
Me encuentro aquí, sobre tu mapa.
Delineante de tus labios,
repaso el cerco que es de piel
y te contiene.
No puedo descartarme del tablero.
Toda mi sangre estalla o hierve,
relata mi vida entre tus brazos,
o llena de cascadas, de febreros,
un París metafórico y perdido.
La gavilla dorada de tu amor
ceñida por mi tallo
en el trigal.
El lento caminar
Tiempo
Huella de un caz (Lastura, 2014)
Fotografía: San Pedro, Lovaina,
Barras
En las barras de bar casi todo es relativo, excepto las esquinas absolutas del mar, tan a la vista en los vasos de bourbon. Nada es lo que parece y todo parece distinto. En sus lechos brillantes, se acomodan la vanidad, el ingenio, la tragedia y esa lágrima capaz de resbalar dulcemente y hacer una mueca legendaria en la memoria del último náufrago de la absenta.
Sin miedo al ridículo o al futuro, la desnudez en el extremo oriental de lo auténtico.
En las barras de bar nace el placer más austero, el que llega con la soledad de la noche y con su silencio. Son un lujo incoherente al fracaso y la derrota, donde fondean los pecios huérfanos de Ulises y se dictaminan las sentencias más antiguas. El cristal purifica la palabra con el semblante del barman por testigo y, en un litigio onírico, el ámbar del Cardhu de 18 aboga por los labios incesantes, aunque el corazón, en estos casos, suele pactar con los relojes para ganarle algunos años al olvido.
Sin miedo al llanto o al pasado, la sinceridad en el extremo occidental de la tristeza.
Laura Gómez Recas
Fotografía: Marc Riboud
Hojas amarillas
Déjame pensarme dentro del baile
de las hojas amarillas.
No deseo templanza de razón,
ni extraviar la mirada
curvando el horizonte de las aguas.
Déjame balancearme en el gozo
que confiere el azar
al radiante descenso hacia la muerte.
Las hojas en septiembre
La hormiga
Hay una hormiga entre dos piedras marinas, varadas entre mi mundo y el mundo del agua.
El aire dibuja surcos en mi cara y separa mis pestañas. Soy un anfitrión que perdió la paciencia y añora su soledad.
La hormiga se entretiene demasiado, por eso le ayudo con el gesto de un dios. Una dádiva que no acierta a comprender, tan aleatoria como nuestro encuentro en un lugar que no me pertenece.
La juzgo extraña en la playa, pero creo que es ella la que me ha marcado con el signo del intruso. Porque ella se sabe de aquí, de la rompiente.
Laura G. Recas

Copla sevillana
Anida bajo piel
Anida bajo piel, encadenada
Paradoja

Sola
De la muerte. A Larra
De la muerte, la lápida impasible
la oscura trampa que habla del abismo,
la frialdad inquieta y a deshora,
la mordaza en la boca y en los besos,
un vacío fatal entre los brazos.
De la muerte, distante y fabulosa,
solo nos queda el sosiego involuntario
y el temor de no ser, o ser su olvido.
Llego con la deriva entre los ojos
y oigo el sonar doliente de los versos
que no tarda en llorar sus melodías
sobre la tumba que hoy yo estoy llorando.
Ya somos dos. Tú eres y yo soy
por recibir el barrunto de la lluvia,
dos islas de memoria entre el olvido.
Yo abonaré la tierra con tu nombre
sondearé tu tumba con mis manos
vendimiaré palabras de las piedras
profanadas con letras y silencio,
para ser de tu texto voz y estrella
en este otoño que sabe de la muerte.
Lectura sobre su tumba en Réquiem de Otoño
Creí
Creí hallarme en la isla,
y debajo del mantel toda la vida?