Existe un desconcierto en mi cuerpo,
abandonado a la inclemencia,
a la noche que vela el inconsciente,
al agua, de jabones escocida.
Me siento a la vera de la puerta
para verle llegar sin serme yo,
como si mi piel fuera de otra,
de mujer extraña,
o mujer no concebida.
Y sé de mi soledad cuando sus ojos
tienden una red de indiferencia.
Se inmovilizan los músculos, me anulo
en un mundo que suena muy despacio,
como si yo fuera, en mi ausencia,
un retazo, un no estar aquí;
¡no me toques!
un no sé volar y soy la pluma,
vértice de un hilo a punto de enhebrar;
¡no me toques!
un sendero virgen de pisadas,
el magma de mi vientre en la clausura.
¡Que no me toques!
Laura Gómez Recas
Imagen: "Ermita de San Nicolás, Bujaruelo", Laura G. Recas
